Historia del Silencio


Hay que agradecer a El Acantilado la publicación de un libro tan necesario como Historia del Silencio, de Alain Corbin. Ante el imparable avance del ruido, y la forma en que nuestro tiempo parece tolerarlo como algo natural, no podemos sino aplaudir todas las aportaciones que apuesten por un retorno a la introspección, a ese silencio interior que permite no sólo conocernos a nosotros mismos, sino entablar una relación de respeto con el entorno que nos rodea.

Al inicio de esta espléndida obra, Corbin indica que «hoy en día, es difícil que se guarde silencio, y ello impide oír la palabra interior que calma y apacigua. La sociedad nos conmina a someternos al ruido para formar así parte del todo, en lugar de mantenernos a la escucha de nosotros mismos. De este modo, se altera la estructura misma del individuo».

También es mucho lo que apuntar sobre el arte de callar: la palabra, prosigue el autor, «es con excesiva frecuencia el arte de ahogar y de suspender el pensamiento, que sólo trabaja en el silencio». De este modo, Corbin nos recuerda el consejo de Publilio Sirio: «debes callar, salvo que tus palabras valgan más que el silencio», o lo que escribió Delacroix: «los necios son arrastrados con mucha mayor facilidad que los demás a este vano placer de escucharse a sí mismos hablando a los otros […] piensan menos en instruir a su interlocutor que en deslumbrarlo».

Máquinas, motores, gritos, bombardeo publicitario, una algarabía generalizada cuyo objetivo parece obstaculizar todo lo posible la creatividad y la reflexión, comprender, contemplar. No es extraño que los espíritus libres, desde tiempo inmemorial, hayan recurrido a la huida como forma de reencontrar el silencio perdido. La contemplación de la naturaleza en las pinturas de Friedrich revela una comunión con lo exterior, un entendimiento con lo ajeno que hoy se minusvalora e incluso se desprecia por completo. Corbin nos sitúa junto al caminante solitario frente al mar de nubes o el monje ante el horizonte marítimo, personajes que «comunican su asombro en una inmovilidad muda». Expresión misma de un silencio que tanto tiene que decir, de un «recogimiento que traduce el pathos religioso de la contemplación auténtica de la naturaleza».

En definitiva, Historia del Silencio, de Corbin, constituye una nueva aportación que nos conmina a situar el silencio en su sacro lugar. Arrinconado hoy en día sin contemplaciones, urge hacerlo nuevamente palpable, inherente a nosotros mismos como condición ineludible para cualquier reflexión serena.

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