Conquistadores, emires y califas

"Como partes integrantes de un discurso político las identidades y las afinidades especulares en historia pueden servir para justificar prácticamente cualquier cosa, dependiendo de quién decida el prisma que se emplea".

Esta advertencia proviene del que quizá sea, hasta ahora, uno de los mejores libros para entender la compleja sucesión de acontecimientos que supuso la conquista árabe de la península Ibérica a partir del año 711: Conquistadores, emires y califas. Los omeyas y la formación de al-Ándalus (Crítica, 2006), estudio histórico de Eduardo Manzano Moreno, investigador científico del Instituto de Historia del CSIC.

Esta obra imprescindible aúna en su interior datos provenientes de una lectura crítica de las fuentes árabes y latinas, así como las más recientes aportaciones arqueológicas, numismáticas y epigráficas, presentando un fresco novedoso sobre aquellos siglos de conquista, consolidación y desmembración que abarcan desde el 711 hasta el colapso del Califato de Córdoba a principios en el 1031.

Manzano parte de un punto de vista desinteresado que insiste en lo erróneo que supone caer en el mito romántico por el cual al-Ándalus se pincela como un paraíso de "convivencia" y "tolerancia" entre tres culturas (musulmanes, cristianos y judíos). Igualmente, exhorta a no dejarse llevar por las visiones (sin duda simplistas y carentes de los debidos matices que abundan en los procesos históricos) defendidas por "continuistas" (la conquista apenas afectaría la "esencia hispana" de las poblaciones indígenas, una postura adoptada por la historiografía española más reaccionaria que pretende asegurar la continuidad de una "eterna nación española") y "rupturistas" (el año 711 supondría una cesura histórica que alumbró una sociedad completamente distinta del antiguo orden godo).

La conquista, según Manzano, no ha de dudarse en calificarla de "conquista árabe" (algunos autores inspirados en el legado de Olagüe defendieron, y aún defienden, que nunca habría habido una conquista semejante), un hecho protagonizado por ejércitos pertenecientes a un imperio centralizado: el de los Omeyas con capital en Damasco. Las distintas oleadas que alcanzaron la península Ibérica y penetraron en su territorio de sur a norte, fueron llevadas a cabo por gentes arabizadas cuyo nuevo mensaje religioso de salvación les otorgaría la fortaleza y cohesión necesarias para acometer el sometimiento de gran parte del territorio peninsular. Claro está que esta conquista habría tenido muy complicada su consolidación si no fuera por los sucesivos pactos alcanzados entre las altas jerarquías árabes militares y las aristocracias locales (el pacto con Teodomiro, noble visigodo afincado en la región de Murcia, es quizá el ejemplo más claro al respecto).

A partir de aquellos años, la sociedad resultante (al-Ándalus) no se fraguó de manera inmediata, sino que su formación fue resultado de un muy complejo proceso dilatado en el tiempo de relación entre conquistadores y población indígena.

En Conquistadores, emires y califas, Manzano profundiza de la manera más seria y documentada posible en cómo se llevó a cabo esta transformación paulatina (social, religiosa, económica) desde el reino visigodo al emirato y luego califato andalusí. Especialmente bien editado, el resultado son 600 páginas que incluyen cuadros, mapas, figuras, aparato crítico y una completa bibliografía especializada para ampliar el conocimiento de un periodo fundamental en la historia de España.

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