Schopenhauer y Houellebecq: el arte de la lucidez

De todos es sabido el desprecio patente que existía entre Schopenhauer y Hegel: el primero, coherente con su discurso incisivo, llegó a calificar a Hegel de "soplagaitas y filósofo de pega".
En medio de aquellos fuegos cruzados, hay una anécdota bien conocida que cuenta cómo en medio de la rivalidad entre ambos pensadores, Schopenhauer hizo coincidir sus clases a la misma hora que las del autor de Fenomenología del Espíritu. Con ello creía que los alumnos ávidos de saber llenarían su aula en detrimento de Hegel. Pero no fue así: su clase apenas contó los dos primeros días con algún estudiante, y habrían de pasar bastantes años para que Schopenhauer empezara a ser verdaderamente reconocido como uno de los más ilustres pensadores de su tiempo.

Retrato de Arthur Schopenhauer hacia el final de su vida.

Schopenhauer no sólo rompió con la línea predominante y "oficial" de la filosofía alemana. A su modo particular de "pensar la vida", alejado de las especulaciones farragosas de Hegel, Fichte Schelling, se añade también el estilo con que Schopenhauer expone su pensamiento. "La claridad es la cortesía del filósofo", decía Ortega, y Schopenhauer lleva a rajatabla ese modo de filosofar que parece retrotraerse al clásico estilo grecorromano, rompiendo completamente con la escritura abstracta que utilizaban los idealistas alemanes y con la que pretendían conquistar, según Heine, "el reino de los sueños", es decir, la metafísica. De hecho, en su llegada a la Universidad de Berlín, Schopenhauer se presentaba como "un Don Quijote de la filosofía", según recuerda Luis F. Moreno Claros, deseoso de "deshacer los entuertos intelectuales perpetrados hasta ese momento por tantos filósofos oscuros".

En el año 1851, con más de sesenta años, Schopenhauer publica Parerga y Paralipómena, un conjunto de ensayos entre los que se cuentan los Aforismos sobre el arte de vivir y que le brindaron la fama de la que ya siempre gozaría. Más de cien años después, Michel Houellebecq, considerado en la actualidad uno de los más importantes novelistas franceses, describe cómo descubrió en una biblioteca municipal parisina aquellos Aforismos y el impacto que le causaron para el resto de su vida. Lo cuenta en su última obra publicada en España: En presencia de Schopenhauer (Anagrama, 2018):

"Sea como fuere, era muy tarde para un descubrimiento tan formidable. En esa época ya conocía a Baudelaire, Dostoievski, Lautréamont y Verlaine, a casi todos los románticos; y mucha ciencia ficción. Había leído la Biblia, los Pensamientos de Pascal, Ciudad de Clifford D. Simak y La montaña mágica. Escribía poemas; ya tenía la impresión de releer, en lugar de leer; creía haber concluido por lo menos un ciclo en mi descubrimiento de la literatura. Y entonces, en unos minutos, todo se tambaleó".

Houellebecq no se quedó ahí. Dos semanas después, en una librería de segunda mano, adquiría la obra cumbre del pensador alemán: El mundo como voluntad y representación. Y aprovechaba para dejar constancia de la sorpresa que le supuso saber que aquel libro, "el libro más importante del mundo", no contaba con una reedición en francés.

Michel Houellebecq.

En presencia de Schopenhauer constituye un diálogo abierto entre el filósofo alemán y el novelista francés, dos iconoclastas separados en el tiempo. A través de citas intercaladas de las obras de Schopenhauer, Houellebecq expone su visión de ese pesimismo lúcido tan influyente hasta nuestros días.

Por ejemplo, lejos de considerar la filosofía de Schopenhauer como un impulso hacia el nihilismo, lo que nos encontramos es que bajo el prisma de un pensar que conoce "un mundo lamentable", cuya inexistencia sería preferible, surge una filosofía "consoladora" que "contribuye a cortar las raíces de la envidia [...]. Ayuda además a aceptar la muerte, presentando ante todo el no-ser como una extinción de los dolores". Por otro lado, la desinteresada contemplación estética, que alcanza en la música la cota más elevada, se combina con la práctica de una ética compasiva hacia todos los seres vivos, incluyendo a los animales no humanos, donde se capta la decisiva influencia del budismo; aunque, como escribe Houellebecq, de un "budismo templado, humanizado, adaptado a nuestra cultura, a nuestro temperamento ávido e impaciente, a nuestra débil disposición a la renuncia".

En presencia de Schopenhauer combina la siempre viva filosofía del pensador alemán con las magníficas aportaciones de un irreverente como Houellebecq: todo un festín de agudeza y buen olfato, que diría Nietzsche.

En presencia de Schopenhauer
M. Houellebecq.
(Anagrama, 2018)
PVP. 7.90 €

* * *

Algunas perlas schopenhauerianas:

"La mayoría de los hombres se parecen a las falsas castañas, que tienen la apariencia de las verdaderas pero son totalmente incomestibles".

"Las religiones, como las luciérnagas, necesitan de la oscuridad para brillar".

"Se puede comparar a la sociedad corriente con aquel tipo de orquesta de cuernos rusa en la que cada cuerno no posee sino una sola nota, y en la que la música sólo surge de la coincidencia sincopada del conjunto. Pues el entendimiento y el ingenio de la enorme mayoría de las personas son monótonos como cada uno de aquellos cuernos; en efecto, muchas de ellas dan la impresión de tener siempre el mismo y único pensamiento y de ser incapaces de concebir cualquier otro".

"En términos generales, es cierto que los sabios de todos los tiempos siempre han dicho lo mismo, y que los necios, o sea, la inmensa mayoría de todos los tiempos, siempre han hecho lo mismo, a saber, lo contrario, y así seguirá siendo. Por eso dice Voltaire: "Dejaremos este mundo tan tonto y tan malvado como lo encontramos al llegar"".

"¡Nuestra situación es verdaderamente precaria! De un lado, un breve lapso de tiempo para vivir, repleto de fatigas, necesidades, angustias, y dolores, sin saber en lo más mínimo de dónde venimos, adónde vamos ni por qué vivimos; de otro, curas de toda laya, con sus correspondientes revelaciones sobre el tema y amenazas contra los incrédulos".

Comentarios