Juan Negrín: la resistencia como camino hacia la victoria

Los "sucesos de mayo" en Barcelona durante el mes de mayo de 1937, con el enfrentamiento directo entre anarquistas y militantes del Partido Obrero de Unificación Marxista, por un lado, y la Generalitat y el gobierno de Largo Caballero, por otro, marcaron un punto de inflexión en la contienda civil española. Al fin quedaba de manifiesto la derrota de los partidarios de la Revolución Social contra quienes apoyaban la unidad republicana con el objetivo primero de vencer a Franco (aunque ello implicara más centralismo, militarización de las milicias y acercamiento a la URSS).


Negrín (izda.), Prieto (centro) y el general Vicente Rojo (dcha.).

Tras la crisis que supuso la insurreción en Barcelona, y a petición de Azaña, el médico y socialista Juan Negrín sería el encargado de sustituir a Largo Caballero en la jefatura del gobierno de la República. Desde mayo de 1937 hasta marzo de 1939, Negrín representó la tenacidad a ultranza frente al avance de las tropas franquistas. Su lema "Resistir es vencer", tenía el objetivo de prolongar la Guerra Civil hasta hacerla enlazar con el conflicto europeo que, creía, estallaría de manera inminente. Se daba por hecho que, en esas circunstancias, Francia e Inglaterra prestarían por fin su apoyo a la República Española, inclinando la balanza a su favor.

La alianza de Negrín con el Partido Comunista de España, ineludible por el suministro de material bélico que venía prestando la URSS al bando republicano, y las potentes ofensivas llevadas a cabo por el general Vicente Rojo, no consiguieron aglutinar en torno a su gobierno a la totalidad de fuerzas leales a la República. Su enfrentamiento con Indalecio Prieto, representante del sector más moderado del PSOE y Ministro de Defensa, estalló tras la ofensiva franquista contra Teruel en febrero de 1938, cuyas consecuencias fueron la ruptura del frente republicano y su llegada al río Ebro. Aquel revés derivó en un derrotismo definitivo en varios miembros del gobierno, entre ellos Prieto, que pidieron negociar la rendición.


De izquierda a derecha: Negrín, Azaña, Prieto, el general Miaja y El Campesino.

Al agotamiento de las fuerzas republicanas se sumaron los obstáculos puestos por la Generalitat de Companys, que no aceptaba la centralización de sectores políticos y militares con el fin de fortalecer la autoridad estatal. Negrín llegó a exclamar lo siguiente acerca del separatismo catalán:

"No estoy haciendo la guerra contra Franco para que nos retoñe en Barcelona un separatismo estúpido y pueblerino. De ninguna manera. Estoy haciendo la guerra por España y para España. Por su grandeza y para su grandeza. Se equivocan gravemente los que otra cosa supongan".

A finales de 1938 la guerra europea no llegaba, y Negrín, consciente de la situación, prolongó la resistencia con el objetivo de garantizar una "paz honrosa" que evitara el "exterminio de miles y miles de republicanos". Reconocido de iure el gobierno de Franco por Francia e Inglaterra en febrero de 1939, y presentada la dimisión de Azaña como presidente de la República, el coronel Casado se sublevó en Madrid formando un Consejo Nacional de Defensa que negaba legitimidad a Negrín y acabaría entregando la capital de España a las tropas franquistas a finales de marzo.
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Bibliografía recomendada

Juan Negrín, de Gabriel Jackson (Crítica, PVP. 19,90€)

Historia mínima de la Guerra Civil Española, de Enrique Moradiellos (Turner, PVP. 16€)

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